Y que conste que no es tan loco como suena, eh!
Aunque casi siempre
estemos acostumbrados a radicalizar los conceptos, la mayoría de ellos se mueve
en una laaarga escala de grises y por mucho que nos sorprenda, pocas veces
éstos se sitúan en los extremos de su significado puro.
Así encontramos
momentos oscuros que nos iluminan, alegrías que nos hacen llorar, distancias
que nos acercan, pérdidas que nos llevan a encontrar, aclaraciones que nos
confunden aún más y certezas que nos hacen dudar.
Hasta parece un
chiste, pero es así. Llamémosla *absolutez relativa*. Bajo este enfoque,
¿existe algo 100% malo, bueno, triste, alegre, correcto o incorrecto? Estamos
configurados para categorizar todo e incluso emitir juicios al respecto; sin
embargo, nos guste o no, las cajitas o categorías más pobladas de significados
son las del medio, aquellas en las que se desdibujan los extremos.
Y está bien. No pasa
nada. Se trata de entender que cada lado necesita de su extremo antagónico para
cobrar significado y que en determinados puntos intermedios se encuentran de
forma efímera, tal como el día y la noche que permanecen divorciados hasta que
llega el atardecer o amanecer que los une por un instante.
Quizás sea necesario
aprender más a fluir mejor entre los grises, pues, de vez en cuando, una buena
mezcla podría convertirse en lo mejor de dos mundos. Además, ¿qué sentido
tendrían los ingredientes y sus respectivos sabores por sí solos si no se
combinasen adecuadamente en un delicioso menú?
Sí. No. Tal vez.

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