¡Cuántas veces nos preparamos para algo que finalmente nunca nos hemos animado a hacer!
¡Cuántas veces
ensayamos conversaciones que jamás hemos llegado a mantener!
¡Cuántas veces quisimos tomar la iniciativa respecto a algo o a
alguien, pero no lo hicimos por miedo o por vergüenza!
¡Cuántas veces dejamos de soñar o de luchar por falta de fe!
¡Cuántas veces estudiamos para un examen o una prueba que al
final decidimos no tomar porque nos sentimos inseguros!
¡Cuántas veces hicimos maletas imaginariamente para un viaje o
un paseo que nunca se realizó porque consideramos mejor postergarlo!
Y así la lista puede continuar. ¿Qué se supone que esperamos? ¿A
dónde irá a parar todo aquello que quisimos, pero que no hicimos por alguna
razón? ¿Dónde acabarán esos deseos que no se cumplieron?
Y así es como vamos por la vida, coleccionando silencios cuando
en realidad el corazón quiere gritar, guardando pedazos de sueños para completar
un rompecabezas que no existe, tratando de encajar en un mundo que quiere que
seamos cualquier cosa, pero menos nosotros mismos, fingiendo que algo no nos
importa cuando la verdad es que nos mantiene en vela durante la madrugada,
dejando escapar oportunidades por temor a fracasar, disfrazando la cobardía
para que parezca prudencia, vistiéndole al miedo para que luzca como sensatez e
inventando excusas que justifiquen nuestra falta de acción.
Este ciclo debe acabar y para ello habrá que invertir el orden
con el que configuraron nuestra manera de pensar. Primero tenemos que vivir
para luego comenzar a confiar y no esperar a tener confianza para después
empezar a vivir. Primero hay que hacer para luego creer, aunque al principio
creamos que no lo podamos hacer. Primero hay que bailar para después perder la
timidez y no esperar a que el miedo desaparezca para que nuestro cuerpo se
empiece a mover. Primero hay que decir lo que sentimos para crear un momento
especial y no esperar una ocasión particular para que nos podamos expresar.
Primero hay que fallar para luego aprender y no esperar a que aprendamos para
evitar el error. Primero hay que vibrar amor para que después llegue ese ser
especial y no esperar a que llegue la persona indicada para después empezar a amar.
Di lo que nos has dicho. Haz lo que no has hecho. Llénate de
momentos y no de intentos. Colecciona recuerdos y no arrepentimientos.
Viaja que aún tienes tiempo. Todavía hay un vuelo en tu vida que
nunca partió y no porque falten pasajeros, sino porque siguen esperándote a ti
que eres el piloto del avión.
Nos encontraremos en alguna escala, aunque nuestros destinos
finales sean distintos. ¡Buen viaje!

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