¿Será que nos estamos planteando la pregunta correcta?
Quizás no son mutuamente excluyentes. Tal vez son como 2 caras de la misma
moneda. ¿La respuesta de una nos conducirá automáticamente a la respuesta de la
otra? No lo sé. De lo que estoy seguro es de que para hacer las siguientes 2
cosas se precisa de valentía, coraje y determinación: estar donde queremos o
salir de donde no queremos.
Nos enfocamos mucho en lo que queremos, pero muy pocas
veces en lo que no queremos. ¿Tenemos claridad respecto a lo que no
queremos para nuestras vidas? ¿Es necesariamente el antónimo de lo que sí
queremos? No estoy seguro.
Pareciera ser que
responder lo que no queremos requiere de un viaje interno más profundo.
¿Estamos preparados para ese viaje? ¿No les ocurre que a veces creemos estar
donde quisiéramos, pero cuando empezamos ese viaje interno descubrimos al mismo
tiempo que estamos atrapados en circunstancias o situaciones (familiares,
laborales, sociales, sentimentales) en las que no queremos estar? Bueno, a
veces nos convertimos en situaciones o experiencias que no precisamente
elegimos ser, pero otras, sí escogemos permanecer ¨atrapados¨.
¿No será que estamos
donde las expectativas de los demás esperan que estemos? ¿No será que estamos
donde el ego o tal vez el miedo quieren estar? ¿O será que estamos donde nos
sentimos más cómodos? Estas preguntas remueven, sacuden y pueden sacarnos del
eje, del puerto seguro, pero son necesarias porque hasta donde sabemos solo
tenemos una vida (este no es el episodio de la serie en el que vamos a debatir
sobre la vida después de la muerte o las reencarnaciones). Si no salimos hoy de
donde no queremos estar, de lo que nos ofrece una falsa paz y tranquilidad por
su sabor conocido a comodidad, entonces, ¿cuándo lo haremos? Lo sé, a veces no
podemos salir brusca o repentinamente, pero al menos tracemos un plan,
emprendamos acciones que nos ¨muevan¨ de allí y nos acerquen a donde sí
queremos estar.
¿Cómo saber cuando
finalmente llegamos a donde queremos estar? Pues no lo sé con certeza, pero
creo que existe una alerta espiritual que nos hace saber que allí SÍ es. El
corazón puede equivocarse, pero en lo profundo sabe y conoce el camino. Muy en
el fondo (o a veces no tanto) sabemos qué no queremos y dónde no deseamos
estar, solo que nos llenamos de ruido y distractores que terminan sonando más
fuerte que nuestra alarma espiritual.
Apaga la luz, cierra los
ojos, respira profundo, relájate, aquieta tu mente conectándote con el instante
que estás viviendo y luego pregúntate: ¿de verdad estoy donde quiero? ¿sé dónde
no quiero estar? ¿Mis circunstancias presentes están más cerca de donde quiero o
de donde no quiero estar? Si la alerta espiritual no se activa es porque sigue
habiendo ruido, entonces repite el ejercicio cuantas veces sea necesario. Por
el contrario, si a la primera logras conectar con el estado de conciencia que
vibra al ritmo de tu alma y palpita en la misma frecuencia que tu corazón,
entonces allí tendrás la respuesta enfrente.
Si estás donde quieres
estar es probable que ni siquiera sientas la necesidad de hacer el ejercicio,
pero si no lo estás, habrá una voz interna que te estará gritando que salgas de
allí o que hagas algo para cambiar tus circunstancias.
Si ya tienes la
respuesta, empieza a hacer lo que debes hacer. No necesitas el permiso de nadie
más que de ti mismo. Vamos, hazlo. A la larga será mejor habernos golpeado con los
intentos de llegar a donde realmente queremos estar que vivir procurando
acostumbrarnos a una realidad en la que no queremos estar.
Aceita tu alerta
espiritual y no dejes que se apague o dañe.
¡Los dejo, creo que la mía está sonando!

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