miércoles, 16 de octubre de 2024

Un amigo vale más que mil amores

Aquí me tienen, escribiendo después de mucho tiempo. Esta vez, intentando describir esos lazos especiales que creamos con alguien, aquellos que van más allá de una amistad, pero que no llegan a convertirse en una relación de pareja. Es un tipo de amor con un matiz diferente. Es algo que, ante los ojos de los demás, es solo un "casi" que no llega a convertirse en algo importante, pero que, para nuestro corazón, resulta un todo, eterno y suficiente en sí mismo.

Es la segunda vez que escribo haciendo referencia a una ciudad en particular. La primera fue con Ciudad de México y ahora lo hago con Medellín. El viaje a esta ciudad fue un viaje a mi interior, un encuentro no solo con bellezas y maravillas de este lugar encantador, sino, sobre todo, un encuentro con emociones muy profundas, abrazos interminables, reflexiones conmovedoras y besos apasionantes.

Este viaje me hizo entender que hay amistades que son como semillas que fueron plantadas por Dios en nuestra vida y que esperan su tiempo perfecto para florecer, como lo hace una flor en primavera luego de un largo y crudo invierno.

Lo curioso es que se trata de amistades que te "confunden" porque hacen latir tu corazón de una manera extraña, pero, a su vez, muy familiar y conocida. Ese latido que experimentamos cuando nos enamoramos. Uno sabe que no se trata de un amor (o quizás sí), pero tampoco de una amistad convencional. No sé cómo describirlo y tampoco deseo encasillarlo en un concepto tradicional, únicamente para que los demás lo entiendan y/o acepten. Este sentimiento es solo mío (nuestro) y sé (sabemos) lo que representa y significa.

Medellín me sorprendió no solo con su pintoresca belleza, su dulce y maravillosa gente, sus lugares llenos de hechizo mágico y de encanto, sino también a través de conversaciones profundas -con ese "más que amigo, pero casi amor"- que terminaron convirtiéndose en testimonios y promesas de Dios cumplidas en mi vida. Conversaciones largas, de alto impacto emocional y de grueso calibre espiritual. Esas conversaciones que te conmueven, que te inspiran y que te hacen creer, además de crecer.

Medellín y esas conversaciones especiales -con esta persona sin etiqueta- me hicieron reflexionar sobre la vida, la familia, el amor de pareja, la amistad, los proyectos, las ilusiones y los sueños, las oportunidades y los planes perfectos de Dios.

Medellín hizo brillar una hermosa luz que ya llevaba cierto tiempo encendiéndose dentro de mí, me conectó con energías divinas de alta frecuencia y vibración, como el amor, la compasión, la esperanza, la paz, la sensibilidad, la solidaridad y la gratitud.

Medellín me hizo reír, pero también me conmovió hasta las lágrimas, me permitió compartir testimonios, pero también conocer hermosas y nuevas historias de vida, reavivó mi capacidad de asombrarme como un niño ante la belleza de la creación, los milagros de Dios y sus manifestaciones de amor en cada detalle de mi existencia.

Medellín me hizo valorar lo que tengo en este momento, confirmó las palabras que Dios escribió en el plan perfecto que diseñó para mi vida. Me hizo redescubrir lo sanador que puede ser un abrazo, me permitió sembrar semillas de esperanza en Colombia y traer frutos de fe en la maleta de mi corazón.

Medellín me vivió y yo la viví a ella, fugaz, pero intensamente. Esta ciudad me encontró y conoció en esta nueva etapa de mi vida, con más claridad, dirección y propósito. Nos conocimos en los tiempos de Dios.

Medellín me robó el aliento y se hizo un lugar en mi corazón y pensamientos. Se quedó con una parte de mí y yo me traje una parte de ella. Medellín me susurró a un oído que "un amigo vale más que mil amores", mientras que Dios me dijo en el otro que "la amistad es un alma que habita en dos cuerpos y un corazón que habita en dos almas enamoradas".

No me preocupé por entenderlo o descifrarlo, me limité a vivirlo y experimentarlo.

Gracias al Creador de tanta belleza, al Hacedor de tantos milagros que puso en el mapa de mi vida una visita a la encantadora Medellín. Y de lo que sí estoy seguro es de que una foto vale más que mil palabras:


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