martes, 28 de marzo de 2023

El amor de alta frecuencia

Yo disfruto y celebro tu vuelo, aunque no vueles conmigo. Eso es amor. Yo aplaudo tus proyectos y tus sueños, aunque yo no esté incluid@ en ellos.

¡Qué manifestación más elevada y sublime del amor!, ¿no te parece? Pero mientras no entendamos que el amor nada tiene que ver con las exigencias, el apego y la necesidad emocional, difícilmente podamos experimentar un amor que esté vibrando en alta frecuencia.

Quien elige desde la necesidad, está condenad@ a recibir migajas y a conformarse con lo que llegue. Los celos obsesivos, el deseo de poseer a alguien a quien podamos moldear a nuestro antojo, las expectativas de que un tercero llene nuestros vacíos, de que una persona resuelva nuestros traumas de infancia y que, además, nos haga felices, son problemas con raíces sicológicas profundas que deben tratarse con una terapia.

Todo eso está directamente relacionado con aquello que es contrario al amor de alta frecuencia, por lo que, para experimentar este tipo de amor, primero es necesario que sanemos internamente, que revisemos nuestros esquemas mentales, nuestros pensamientos y emociones, ya que, al final del día, esa es la base de nuestra conducta, aquella que, precisamente, nos lleva a manifestar ese tipo de relaciones que nada tienen que ver con el amor.

Entonces, la pregunta que nos debemos hacer es qué conducta mía está generando esta consecuencia en particular. Se trabaja en la conducta y no en la consecuencia, si es que queremos generar un efecto distinto en nuestras vidas. Acordate que siempre tenemos la libertad y la opción de cambiar la forma en la que estamos viviendo y, por ende, lo que estamos atrayendo con nuestras conductas.

El amor de alta frecuencia es feliz con la mera felicidad del otro y no, no es una poesía, en realidad funciona así. Me alegra que estés bien, aunque yo no sea una variable de la ecuación de tu felicidad, y me alegra porque yo también puedo ser feliz sin vos.

No quiero que me quieras porque yo ya me quiero y solo se trata de que me elijas, libremente, para que hagamos sinergia y potenciemos lo que ambos ya tenemos. Podés irte cuando quieras, exactamente de la misma forma en la que llegaste a mi vida: espontáneamente y sin presiones. Y no por eso voy a odiarte ni lastimarte, justamente porque yo tengo ese mismo derecho y mi corazón puede ejercerlo cuando así lo desee.

Quiero para vos, genuinamente, lo mejor, consciente de que, a veces, lo mejor no es estar conmigo y tampoco que yo esté contigo. Por eso, no te ato ni me ato. Somos libres y en esa libertad nos elegimos (o dejamos de elegirnos).

Ojo, esto no significa que el amor de alta frecuencia no duela muchas veces. El dolor es parte de nuestra existencia, pero no tiene importancia en sí mismo, sino en lo que somos capaces de hacer con él, sobre todo, a través del amor de alta frecuencia.

Hoy, antes que nada, encargate de arreglar la casa, de organizar el desorden interno, de remover el polvo, de botar lo que ya no sirve y de redecorar el ambiente. Luego de eso, disfrutá vos primero de ese nuevo espacio, regalátelo y recién después, invitá a alguien especial a tu nuevo hogar. ¿Y el amor de alta frecuencia?, me vas a preguntar. No te preocupes, porque en un hogar así, él encontrará, sin duda, la manera entrar, aunque sea, por la ventana.



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