Siempre digo esto: "La gratitud es un estado de
conciencia" y verdaderamente creo que lo es.
Hoy me lo volvió a
recordar un conductor de Uber. Al subirme al auto le pregunté cómo estaba y
rápidamente me respondió: "Agradecido por poder realizar un viaje más en
este día". Continuó diciendo: "La mayoría se queja o lamenta, si no es
por el COVID, por el huracán que afectó a Vallarta la semana pasada, si no es
por la temporada baja y la reducción del flujo turístico, por la poca ganancia
que nos deja el esquema de trabajo con la aplicación del Uber. Yo, sin embargo,
me siento feliz por estar sano, poder trabajar y tener la posibilidad de llevar
el pan para mi familia. Y ojo, señor, no es que sea conformista, simplemente me
siento agradecido con Dios por lo que tengo".
Me quedé en silencio por un par de segundos ante tanta
espiritualidad viajando en ese momento sobre 4 ruedas, ante la Presencia Divina
que se manifestaba a través de tan sabias y dulces palabras. Después de la
pausa, le dije: "Ahora el agradecido por este viaje soy yo".
La gratitud es la madre de todas las virtudes y su vibración es
tan alta que es capaz de atraer infinitas bendiciones a nuestras vidas. Lo sé,
en medio de tanto dolor, de tanta preocupación, de tantas pruebas y desafíos, a
veces es difícil que esa gratitud nazca de manera natural. Ciertamente, es una
tarea personal desarrollar ese estado de conciencia y reconocer que siempre
existen y existirán opciones y razones para agradecer.
Hoy y ahora es un buen momento para trabajar la gratitud. Y que
conste que no siempre se trata de decir un "gracias" con la boca
-aunque ya sabemos que la palabra tiene poder-, a veces simplemente se trata de
sentir esa gratitud y expresarla desde el corazón.
Da igual que lo escribas, lo digas o lo pienses. Lo importante
es que lo experimentes!
¡GRACIAS!

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