viernes, 17 de marzo de 2023

Hablemos del amor (pero no solo del que estás pensando)

Cualquier día es especial para hablar del amor.

Definitivamente él es esa fuerza incontrolable que se abre camino a su paso, es el bálsamo sanador que cura las heridas del alma, es el soplo de esperanza que revitaliza los latidos del corazón y el ingrediente mágico que inexplicablemente obra milagros en el Universo. Es la Voluntad del Padre convertida en sentimiento, en gracia, misericordia y gratitud.

Y no hablo solo del amor de pareja, aquél que nos hace suspirar y nos deja sin aliento, hablo del amor Divino, el amor de la familia, el amor de amigos, el amor que nos permite actuar con nobleza y solidaridad cuando nos cruzamos con personas completamente desconocidas.

El amor no pregunta si puede llegar, simplemente invade y se instala súbitamente en cada corazón que encuentra vacío, pero lo hace cuando sabe que dicho corazón está preparado para recibirlo y multiplicarlo. Ahora bien, ¿qué es lo que prepara a nuestros corazones para la llegada inesperada y cálida de ese amor?

Pues, ciertamente, las pruebas más duras, los desafíos más complicados, los sufrimientos más intensos, las pérdidas más profundas y las lágrimas más dolorosas constituyen el campo de entrenamiento y de preparación del alma y del corazón para la llegada de la fuerza transformadora del amor.

Solamente ante escenarios tan hostiles como ésos es cuando volvemos a comprender el significado de la humildad y del perdón y abandonamos la arrogancia, la soberbia, la envidia, los deseos de venganza y la rabia para cederle paso al amor.

El amor no puede coexistir con las emociones más negativas del ser humano en un mismo corazón. El amor renueva, enciende, limpia, sana, cura, alivia, protege y neutraliza las vibraciones bajas. El amor nos permite ver desde la perspectiva de la fe, nos regala esperanza, nos hace pacientes, nos convierte en seres humanos más tolerantes y bondadosos, más empáticos, más sinceros y más humildes.

¿Pero si ya hemos experimentado la fuerza del amor, entonces por qué volvemos a conectarnos con emociones negativas muchas veces? Pues, porque somos humanos y porque solo a través del error podemos conocer el perdón de Dios, el verdadero amor y su infinita misericordia. Pero eso sí, el corazón que ya fue tocado y transformado por el amor, sabrá recordarlo, sabrá practicarlo e intentará multiplicarlo y cultivarlo todos los días, pese a las circunstancias difíciles de la vida, porque quien sintió amor alguna vez, recibió a Dios en su corazón.

¿Y finalmente, cómo cultivamos ese amor, una vez que lo hemos experimentado? Pues, no es fácil, pero sí muy gratificante, porque lo hacemos cada vez que agachamos la cabeza reconociendo un error, cuando humildemente pedimos disculpas, cuando permitimos que el dolor ajeno nos conmueva, cuando rompemos las cadenas del egoísmo para olvidarnos de nosotros y empezar a ayudar a quienes más lo necesitan, cuando valoramos la vida de nuestra familia y de nuestros seres queridos, cuando predicamos con el ejemplo, cuando respetamos a quienes amamos y les recordamos nuestro afecto con detalles simples cargados de sentimiento, cuando regalamos una sonrisa en lugar de una queja y sobre todo, cuando sabemos ser agradecidos por todo lo que tenemos. La gratitud y el amor son parientes muy cercanos y, de hecho, ellos caminan por la vida de la mano.

Deja que tu corazón se prepare cada día para este tipo de amor. Y ya sabes, cuando lo experimentes, abrázalo, respíralo, siéntelo, vívelo, agradécelo, multiplícalo, cultívalo y jamás, pero jamás, te olvides de compartirlo, pásalo a quienes tienes a tu lado…deja que esa energía que te tocó alguna vez a ti (y que en realidad es la mano de Dios) también obre milagros en otras vidas que necesitan ver la luz.

Hoy el amor se celebra, se honra y se comparte. Espero que todos quedemos embriagados de amor!

 


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