jueves, 16 de marzo de 2023

Fecha de caducidad

Cada vez que voy a Paraguay soy consciente de que tengo fecha de caducidad, es decir, mi estadía la tiene. Lo que nunca caduca son los sentimientos y afectos que me mantienen unido a esa tierra.

Si nuestra permanencia en cada lugar y espacio tiene un horizonte de tiempo definido, ¿por qué nos guardamos tantas emociones en el corazón?, ¿por qué nos cuesta tanto expresar lo que sentimos? ¿Será por miedo a que no nos correspondan o por temor a vernos vulnerables? ¿se trata quizás de protegernos y evitarnos un dolor o una decepción?

En consecuencia, la siguiente pregunta es ¿vale la pena viajar por la vida cargando una mochila de silencios acumulados, de palabras nunca dichas, de emociones enterradas que no hemos dejado salir a la luz, de amores vividos, una y otra vez, pero solo en nuestras mentes por no atrevernos a hacerlos realidad, de disculpas jamás expresadas y de intentos nunca probados?

No lo sé, todos podemos tener una respuesta diferente a esa pregunta, pero lo importante es que nos deje tranquilos y en paz cada noche al acostarnos. En particular, he llevado varias maletas pesadas por mucho tiempo en mi vida y he decidido que ésta ya no será una de ellas. Ahora bien, no espero que por abrir mi corazón el de los demás también se abra como consecuencia ¨natural¨ o automática. Debemos entender que eso puede o no ocurrir. Por lo tanto, se trata de disfrutar de aquello que nosotros podemos brindar o expresar porque solamente sobre eso tenemos control (sin expectativas de una devolución o reciprocidad). Lo que los demás decidan dar o expresar es un asunto que les concierne exclusivamente a ellos. Al final del día, damos lo que podemos, lo que queremos, lo que aprendimos, lo que tenemos. Consecuentemente, hoy también decido valorar, apreciar y disfrutar de lo que los demás están en capacidad de ofrecer desde su experiencia y limitaciones.

Intento no guardar ni acumular, solo expresar y disfrutar. Por supuesto que en muchas ocasiones habrá miedos, dudas, orgullo, dolor, expectativa, pero a esos ingredientes hay que saberlos gestionar. De hecho, si vamos a ponerle fecha de caducidad a algo, que sea a esas emociones que nos inmovilizan o detienen y que, en el mejor de los casos, duren lo menos posible, pues no nos engañemos: la llama de la vida puede apagarse o extinguirse incluso antes de la fecha de vencimiento que decidimos ponerles a esas emociones.

__INTENTEMOS EXPRESAR LO QUE SENTIMOS, PUES DE LO CONTRARIO, MUCHOS DE ESOS SILENCIOS NOS CAUSARÁN RUIDO TODA LA VIDA__



 

 


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