viernes, 17 de marzo de 2023

Benditas diferencias

"Diferencia". Dícese de la cualidad por la cual una cosa o persona se distingue de otra, según el significado que ofrece el diccionario de la Real Academia Española.

Y así es, las diferencias constituyen el sello y la firma estampada de Dios al pie de su creación. Es aquello que Él usó sabiamente y de manera perfecta para hacernos únicos e irrepetibles a cada uno de nosotros.

Y entonces, si ser diferentes es lo que nos distingue y hace especiales, ¿por qué nos cuesta tanto aceptar con amor y paciencia esas diferencias? Qué raros somos los seres humanos que estamos dispuestos a perder a un amigo, a un familiar o incluso a un amor por esas diferencias.

Las mayores oportunidades de crecimiento están precisamente en aquello que nos distingue. ¿Por qué condenar las diferencias? Imaginemos por un segundo que el mundo estuviera lleno de personas que pensaran y actuaran de manera idéntica a nosotros. ¿Qué sentido tendría? Qué aburrido sería. Yo sé, es agradable coincidir en gustos, expectativas, estilos musicales, géneros de películas y libros, es emocionante encontrar personas con las que nos conectamos por esas similitudes y coincidencias. Es cómodo y placentero encontrar gente que refuerce nuestros puntos de vista y los secunden siempre porque piensan "igual" que nosotros.

Pero ¿saben qué? Para romper las barreras del conocimiento y lograr un verdadero crecimiento, una auténtica evolución, muchas veces precisamos de alguien que contraste nuestras maneras de ver el mundo, alguien que nos ayude a comprender que existe otra perspectiva, otro ángulo de análisis. Y qué lindo cuando en ese momento, en lugar de rebelarnos ante las diferencias, las abrazamos y dejamos que nos complementen, que nos hagan mejores personas y humanos y que nos permitan construir mejores equipos. En la diversidad está la mayor riqueza y no en aquello que nos hace "idénticos".

Solo lo distinto se abre camino borrando estándares, paradigmas, tabúes y falsas creencias para luego dibujar nuevas fronteras y horizontes en nuestras mentes, almas y corazones. De las similitudes y coincidencias se disfrutan, de las diferencias nos enriquecemos, crecemos y aprendemos.

Experimentamos nuevos estados y niveles de conciencia cuando no nos cerramos a lo diferente. Se evoluciona a partir del cambio y de la modificación y ellos son parientes cercanos de lo diferente.

No perdamos a un amigo, a un vecino, a un colega, a un familiar o a la persona que amamos, simplemente, porque a veces no entendemos nuestras diferencias. Comprendamos que el caso no es entenderse siempre, sino más bien, aceptarse, como dice una conocida canción. Las diferencias nos invitan a hacer un ejercicio de tolerancia y de paciencia cada día, pero sobre todo, nos invitan a empatizar, a intentar ponernos en el lugar del otro, quien, al igual que nosotros, viaja por la vida con una mochila de sueños, miedos, expectativas y experiencias del pasado.

Veamos con el corazón y comprendamos que basta con parecernos en lo fundamental y tener una sola cosa en común que nos una: el amor que sentimos y sobre el cual hemos edificado nuestras relaciones con otros.

¿No es eso más que suficiente? Para mí lo es. Hoy celebro y bendigo las diferencias y abro mi corazón a ellas para que me transformen y me conviertan en un agente positivo del cambio.



 

 


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